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Esta receta es facilísima, rápida de hacer, está muy buena y siempre sorprende, ya que es un primer plato hecho con tomates, hojaldre y caramelo. Los tomates ideales para preparar la receta son los tomates pera, o los de rama, pero lo cierto es que se puede hacer con cualquier tipo de tomate maduro.

El de la foto lo hice mal, porque me olvidé de colocar los tomates del revés para que al desmoldarlos quedasen con la parte curva hacia arriba, muchos más bonitos. Cuando lo vuelva a preparar cambiaré las fotos por otras mejores.
Para 4 personas

Poner a calentar en una sartén el azucar, la mantequilla, media cucharada de agua y la vaina de vainilla. Remover el caramelo hasta que deje de burbujear y se dore un poco el azúcar, quedando de un color toffe. Echar el caramelo en un molde de horno.

Pelar los tomates y cortarlos por la mitad. Colocar boca arriba en el molde sobre el caramelo (en la foto están boca abajo, pero es porque los puse mal).
Colocar encima la lámina de hojaldre, y remeterla por los bordes.
Hornear 30 minutos, y dar la vuelta para desmoldarlo sobre un plato. Comer inmediatamente para que no se ablande el hojaldre.

Éste es un truco muy sencillo y rápido para pelar tomates.
Lo primero que hay que hacer es poner agua al fuego. Mientras llega a hervir, se les hacen un par de cortes superficiales en forma de cruz a los tomates en la parte de abajo.
Cuando el agua hierve, se ponen los tomates en el cazo, y se les deja hervir entre un minuto y dos. Cuanto más maduros sean los tomates, menos tiempo hace falta.

Pasado el tiempo, se ponen los tomates en un cuenco de agua muy fría con hielo, y se espera otro minuto.
Para entonces, la mayoría de los tomates ya tendrán la piel desprendida, y sólo habrá que retirarla tirando.

Los tomates sin piel son ideales para ensalada, gazpacho o casi cualquier receta que lleve tomate.
El año pasado me propuse leer al menos 12 libros a lo largo del año. La verdad es que este propósito de año nuevo lo he cumplido con creces (al final han sido 33 libros), pero sobre todo ha sido gracias a la fiebre vampírica que me dio en el mes de noviembre.
Ahí van los libros que me he leído a lo largo del 2008, y una valoración de los mismos.













Y estos también en inglés





No puedo hablar de esta serie de televisión sin empezar diciendo que me ENCANTAN los vampiros. Es decir: si una serie, película, cómic o libro tiene vampiros, es más que probable que me guste. Por eso soy adicta a Buffy y me trago todas las series de vampiros que echan.
De esta manera, y gracias a la recomendación de Oneeyedman, llegué a interesarme por True Blood, una serie americana de la que se está emitiendo en estos momentos en los Estates la primera temporada, de 12 capítulos.
Y yo ya me he enganchado sin remedio.

Esta serie está basada en una saga de novelas llamada Vampiros Sureños, de la escritora Charlaine Harris. Ella lleva ya publicados ocho libros, aunque a España sólo han llegado tres (que, obviamente, ya he procedido a comprarme). Tal ha sido el éxito de las novelas que Allan Ball (American Beauty, A dos Metros bajo Tierra…) ha decidido adaptarla a la pequeña pantalla.
El lanzamiento de la serie tuvo sus problemas: HBO filtró un capítulo piloto previo que corrió como la pólvora a través de Internet, y que recibió unas críticas feroces. Por suerte, tras lanzar el piloto real y el segundo capítulo de la serie la audiencia subió y la crítica mejoró, tanto que llevó a los productores a encargar la segunda temporada de la serie, por lo que los que la vemos al menos tenemos la tranquilidad de tener su continuidad asegurada. Y para los más fanáticos, HBO también lanzó un cómic que hace de precuela de la serie.
El argumento es sencillo: gracias a la invención de una sangre sintética, los vampiros han salido del armario y ahora luchan por integrarse en la sociedad. Y en este caldo de cultivo, llega a una pequeña ciudad de Luisiana un vampiro, Bill, tratando de encajar. Allí conoce a Sookie (interpretada por Ana Paquin, la Pícara de X-men), una chica que tiene la capacidad de leer la mente. La tensión sexual entre estos dos personajes es una de las claves de la serie. Hay que añadir que True Blood no es una serie convencional, ni mucho menos. No es una comedia, aunque está llena de humor negro. Tampoco es un drama aunque en muchos momentos resulta dramática. No es detectivesca, pero hay misterios que resolver. Todos los personajes son extremadamente realistas y humanos, incluidos los vampiros, alejados del habitual estereotipo de ser misterioso y atormentado. El amor entre Bill y Sookie no es un romance ñoño y azucarado: es una relación con sus altibajos, su atracción sexual y los problemas propios de cualquier pareja. Además, es una serie con grandes dosis de sexualidad explicita, lo que le da también un toque morboso muy interesante.

Dicho esto, tengo que decir que me costó bastante llegar a engancharme a la serie, ya que al principio me resultó extremadamente LENTA. Así es: el guión pone muchísimo énfasis en las vidas de los personajes, tanto principales como secundarios, en el ambiente, en el pueblo, en trivialidades… así que la mayor parte del tiempo no pasa nada. Y las escenas de acción se concentran siempre justo al final de los capítulos, creando los cliffhangers más crueles que yo recuerde haber visto en televisión. A mí, que me gustan las series de acción trepidante, me fue muy difícil cogerle el ritmo, y sólo seguí viendo los primeros capítulos porque era de vampiros y porque en el capítulo anterior me habían dejado con la miel (¡con todo el panal!) en los labios. Pero con el paso de unos pocos capítulos me he acabado enamorando de los personajes de la serie, y disfruto como una enana cuando se recrean en sus vidas y en sus particularidades. Y además, he llegado a apreciar este ritmo lento como parte de la ambientación sureña y del encanto de la serie.
Así que ahí queda mi recomendación de hoy: si queréis ver una buena serie y estáis dispuestos a soportar un ritmo algo más lento de lo habitual y una frustración enorme entre cada capítulo, True Blood of encantará. Y si os apasionan los vampiros, pues miel sobre hojuelas.

Más en:

¿Te cuesta concentrarte? ¿Estás a mil cosas y a ninguna? ¿Tantas horas delante de Internet te descentran? Pues parece que tenemos una solución: un estudio ha confirmado que si mascamos chicle la concentración y retención aumenta en torno a un 20% 1.
Por lo visto, este hecho tiene que ver con las reacciones químicas y mecánicas que nuestro cuerpo experimenta para preparase para la digestión. Concretamente la salivación libera insulina, que hace que el ritmo cardiaco aumente y, consecuentemente, la afluencia de sangre al tejido cerebral sea mayor. Exactamente, los estudios indican que el flujo sanguíneo de dicho tejido se incrementa entre un 25% y un 40% mientras se masca, aumentando el aporte de oxígeno y glucosa del cerebro 2. Esto hace que estemos más alerta y más centrados, nos ayuda a concentrarnos y a aprender y retener mejor las materias.
Además de eso, el hecho de realizar una tarea repetitiva y semi-automática en la que no tenemos que concentrarnos, también ayuda a liberar flujos de pensamiento. No en vano algunas ideas siempre llegan cuando estamos haciendo cosas como caminar, hacer algo de ejercicio, o realizando tareas domésticas.
Y por lo visto eso no es todo. Otros estudios realizados 3 y 4 han confirmado que el masticar chicle reduce el estrés y la ansiedad en situaciones de tensión, mejorando la productividad de los trabajadores.
En fin, que si podemos tener mejor aliento, los dientes más blancos, menos hambre y encima vamos a estar más relajados y concentrados, está claro que el chicle es nuestra salvación… ¿O debería decir nuestra salivación?
Aunque para ser justos, hay que indicar que la mayoría de estos estudios han sido patrocinados por la marca de chicle Wrigley (fabricantes de Orbit, Trex y Boomer entre otros).
Más información en:
Ayer celebré mis bodas de madera:
¿Y vosotros por cuál vais?
La tradición dice que hay que regalar algo del material que toca por el aniversario de bodas correspondiente, aunque poca gente conoce más aniversarios que los típicos de plata, oro o diamantes…
Ahí os las dejo en modo texto, por si tanta fotito os aturulla:
1 año papel
2 años algodón
3 años cuero
4 años lino
5 años madera
6 años hierro
7 años lana
8 años bronce
9 años cerámica (arcilla, barro…)
10 años lata (aluminio, estaño…)
11 años acero
12 años seda
13 años encaje
14 años marfil
15 años cristal
20 años porcelana
25 años plata
30 años perla
35 años coral
40 años rubí
45 años zafiro
50 años oro
55 años esmeralda
60 años diamante
65 años platino
75 años brillantes
80 años roble
Hace poco una amiga me dijo que no entendía muy bien cómo funcionaba el tema de la financiación de la Iglesia Católica y de la famosa casillita de la declaración del IRPF. Como ahora tengo bastante tiempo libre, me dedique a investigar sobre el tema.
Una de las primeras cosas que noté es que las páginas con información al respecto son todas parciales. Todas defienden un interés: “marca la casilla de la Iglesia” o “no marques jamás la casilla de la Iglesia”, pero ninguna explica el funcionamiento más allá de su visión sesgada y muchas veces manipuladora de la información, ya sea hacia un lado o hacia el otro. Por eso me he decidido a publicar aquí lo que he encontrado, para que la gente pueda encontrar información una información más completa e “independiente” sobre el tema y tome sus propias decisiones.
Es posible marcar dos casillas en la declaración: la de la Iglesia y la de fines sociales. También puedes marcar ambas o ninguna. ¿Qué pasa en esos casos?
Lo que se entrega a la Iglesia o a fines sociales no es un 0,7% de lo que tú pagas en tu declaración, sino de los impuestos que has pagado a lo largo del año, en forma de retenciones, IVA, etc. Recordemos que el pago o devolución del IRPF es sólo un ajuste en los impuestos ya pagados.
Aquellos que no hacen declaración, es como si no marcasen ninguna casilla. No pueden elegir dedicar parte de su tributación a fines sociales o a la Iglesia. Naturalmente, tanto a Iglesia como a las ONGs esto les parece fatal.
Pero no olvidemos que no tener obligación de declara no implica que no se pueda hacerlo: si quieres poder marcar alguna casilla no dudes en declarar aunque no estés obligado.
No, la Iglesia no recibe ningún dinero extra del estado aparte de la “asignación tributaria” (la casillita de marras). La Iglesia Católica tampoco tiene ningún otro trato de favor como antiguamente, que estaban exentos de IVA. El dinero que recibe la Iglesia de las declaraciones de IRPF de los españoles supone entre un 20 y un 25% de la financiación de la Iglesia. El resto es autofinanciado.
Lógicamente, el Estado tampoco financia ninguna otra institución religiosa. Podeis leer una matización a esta norma general en los comentarios.
Existe la posibilidad de donar tu 0,7% a una organización laicista, destinada a evitar que la Iglesia tenga una casilla en la declaración de la renta. Esto se llama objeción a la financiación religiosa. El procedimiento es sencillo, pero no automático, por lo que no lo hace casi nadie. Aquí hay una página que explica detalladamente cómo objetar a la financiación religiosa.
Por desgracia no he encontrado cifras de cuanta gente se ha acogido a esta opción, ni de qué repercusión tiene.
Aproximadamente el 22% de la población marca sólo la casilla de la Iglesia, y el 34% marca sólo la de fines sociales. El 11% marcan ambas. El 33% no marca ninguna.
Se cree que si la gente entendiese bien cómo funcionan las dos casillas, y que no son excluyentes, el porcentaje de los que marcarían las dos sería mucho mayor. (Datos del 2005. Fuente: Ministerio de Economía y Hacienda)
El 0,7% de fines sociales no se destina a un listado concreto de ONGs. Ese dinero se asigna Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (en un 80%) y al Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación (en un 20%), que lo irán repartiendo a lo largo del año a las subvenciones que da a diferentes proyectos y instituciones. Son estos ministerios los que que investigan, deciden y gestionan qué proyectos son más urgentes y en cuánto hay que subvencionarlos.
El problema de la casilla de la Iglesia Católica es que ellos tienen la oportunidad de que el contribuyente marque su casilla, pero otras confesiones no. Cada año se leen noticias sobre la pronta incorporación de nuevas casillas, pero en la práctica nunca aparecen en la declaración. Y es que para que existan esas “otras” casillas el Estado tiene que llegar a un acuerdo con las respectivas instituciones religiosas pero, pese a que llevan años intentándolo, esos acuerdo no se acaba de producir. Lo cierto es que si ponen casillitas a todo el que la pide, al final la declaración de la renta va a parecer una quiniela
Espero que esto os sirva de ayuda a la hora de tomar vuestra decisión. Si hay alguna cosa en la que me haya equivocado o sobre la que haya dudas, abajo tenéis los comentarios para indicármelo.
PD: No me gustaría que los comentarios de este post se convirtiesen en un acalorado debate Iglesia sí, Iglesia no. Por favor, entended el carácter informativo y respetuoso que tiene el texto, o correréis el riesgo de que os borre el comentario.
Yo soy una de esas personas que recicla. Reciclo papel, cristal y plástico. Reciclo aceite. Reciclo ropa. Y también me reciclo a mí misma, porque soy donante de órganos.
Así que cuando hace poco decidí cortarme el pelo drásticamente busque alguna forma de reciclarlo también, y descubrí que existe una organización benéfica que se dedica precisamente a eso.
Locks of Love recoge donaciones de pelo, que usan para hacer pelucas a niños con problemas de alopecia. Lo único que hay que hacer es cortarse al menos 25 cm. de pelo y enviarles la “coleta” recortada por correo a sus oficinas en Florida:
Locks of Love
2925 10th Ave N
Suite 102
Lake Worth, FL 33461-3099
United States of America
Y así lo hice yo. Tras mi cambio de look les envié una trenza de 30 cm. de pelo. Hace poco recibí una postal agradeciéndome mi donación y recordándome que gracias a mi niños que han perdido el pelo podrán lucir de nuevo una bonita melena.
¿Alguno se anima a cortarse el pelo por una buena causa?
Hoy la cosa va de fobias raras.
Hipopotomonstrosesquipedaliofobia: miedo irracional a la pronunciación de palabras largas, científicas o poco comunes en el lenguaje coloquial.
Posiblemente, esta fobia la causa el temor a equivocarse al pronunciar palabras complicadas, y quedar en evidencia ante otros. Me imagino que los que padecen esta fobia serán incapaces de llamarla por su nombre.
Y por si os preguntais: -¿Y la foto del hipopótamo? Pues para despistar
He encontrado en FocoBlog este impresionante vídeo cómico del actor Tom Wilson, que en Regreso al Futuro daba vida tanto a Biff Tannen como a su tatarabuelo Bufford “perro rabioso” Tannen, y a su hijo nieto Griff.

Y pese a que muchos le hemos visto también en series como House, Bones o Entre fantasmas, parece ser Regreso al Futuro le dejo encasillado, y es así como se quita la espinita:
Traducción y subtítulos por El Perro Mistetas